El Mercurio, miércoles 22 de septiembre de 2004
El día de la artista plástica
Todos podemos ser artistas

Rosa María Montecinos, 25 años, licenciada en artes.


Fue la vida del campo que tal vez la llevó al arte. De la mano de paisajes, colores, formas y también de la soledad, creció dibujando, danzando, pintando y también haciendo manualidades.

Hija de un economista agricultor y una mujer matemática, dice que era como el bicho raro de la casa.

Pero en el buen sentido. Porque, para mi familia, que yo fuese así era un regalo. Tan distinto a lo que ello estaban acostumbrados. Por eso siempre me incentivaron, desde muy chica, a desarrollarme todo lo que pudiera. Recuerdo que mi mamá no me dejaba copiar los dibujos, como lo hacían los otros padres, y me impulsaba a que yo creara y eso fue muy bueno para mí: la libertad.

Luego de estudiar en una universidad tradicional Licenciatura en Artes, Rosa María trabaja ahora para la Red Internacional por una Educación Humanista (RIEH), entidad que busca humanizar el arte en todos los lugares donde se encuentra.

Y en eso está hoy, enamorada de un nuevo proyecto que consiste en el documental ¿Dónde está América Latina?.

Cuando estudiaba, la cautivaron el Dadaísmo y el Impresionismo. Pero se sintió terriblemente incómoda con la concepción de algunos compañeros egocéntricos de que el arte sólo se hace en un taller, solitario, al margen de la vida y de la sociedad.

Aunque no desmerezco esta forma de expresarse, estoy convencida de que el artista tiene un rol social, que trasciende al individualismo. Supongo que esto me ha impulsado a desarrollar otras maneras de realizarme, como crear obras colectivas, donde el espectador es parte de la obra y viceversa.

Para ella, lo lúdico atraviesa todo.

Por eso hizo un proyecto que consistió en elaborar máquinas para que los niños puedan explorar su mundo interior. Desde pequeñas miniaturas de acrílicos hasta mecanismos que permiten observar la animación.

Rosa es muy especial. No se conforma solamente con pintar el mundo, quiere convencer a la gente de que todas las personas llevan un artista adentro y de que la inspiración no viene del cielo ni de una musa celestial, sino del trabajo y de la profunda convicción de querer comunicar plásticamente, a través de variados lenguajes e iconos, las emociones más intensas del ser humano.

Mi sueño más profundo es generar un mundo donde no exista el individualismo, donde no haya discriminación y terminemos de enrejarnos en nuestras casas temiéndole al vecino. Ojalá también pudiese conocer Europa, estudiar cine, psicodrama, pedagogía, un sinfín de cosas. Tengo que reconocer que me encanta la inestabilidad, pero de esa que te moviliza y no la que te estanca.

Mientras, Rosa lucha para que el arte baje del podio.

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