La función del partido en el momento actual:
El siguiente texto, interpreta ampliamente a los
humanistas: “...La antigua tesis frentista de acumulación de fuerzas
progresistas sobre la base del acuerdo sobre puntos mínimos, hoy termina en la
práctica del "pegado" de disidencias partidarias sin inserción
social. De este modo resulta una acumulación de contradicciones entre cúpulas
que apuntan al protagonismo periodístico y a la promoción electorera. En épocas
en que un partido con recursos económicos suficientes podía hegemonizar la
fragmentación, el planteamiento de los "frentes" electorales era
viable. Hoy la situación ha cambiado drásticamente y, sin embargo, la
izquierda tradicional continúa con tales procedimientos como si nada hubiera
pasado. Se hace necesario revisar la función del partido en el momento actual y
preguntarse si son los partidos políticos las estructuras capaces de poner en
marcha la revolución. Porque si el sistema ha terminado metabolizando a los
partidos, convirtiéndolos en "cáscaras" de una acción que controlan
los grandes capitales y la banca, un partido superestructural sin base humana se
podrá acercar al poder formal (no al poder real), sin por ello introducir la más
mínima variación de fondo. La acción política exige, por ahora, la creación
de un partido que logre representatividad electoral en distintos niveles. Pero
debe estar claro desde el primer momento que esa representatividad tiene por
objeto orientar el conflicto hacia el seno del poder establecido. En este
contexto, un miembro del partido que logra representatividad popular no es un
funcionario público, sino un referente que evidencia las contradicciones del
sistema y organiza la lucha en dirección a la revolución. En otras palabras,
el trabajo político, institucional o partidario es entendido aquí como la
expresión de un fenómeno social amplio que posee su propia dinámica. De este
modo, el partido puede desarrollar su máxima actividad en épocas electorales
pero los distintos frentes de acción que ocasionalmente le sirven de base,
utilizan el mismo hecho electoral para destacar conflictos y ampliar su
organización. Hay aquí diferencias importantes con la concepción tradicional
del partido. En efecto, hasta hace unas décadas se pensaba que el partido era
la vanguardia de lucha que organizaba diferentes frentes de acción. Aquí se
está planteando todo en sentido inverso. Son los frentes de acción los que
organizan y desarrollan la base de un movimiento social y es el partido la
expresión institucional de ese movimiento. A su vez, el partido debe crear
condiciones de inserción para otras fuerzas políticas progresistas, ya que no
puede pretender que aquéllas pierdan su identidad fundiéndose en su seno. El
partido debe ir más allá de su propia identidad, formando con otras fuerzas un
"frente" más amplio que inserte a todos los factores progresistas
fragmentados. Pero no se pasará del acuerdo de cúpulas si el partido no cuenta
con una base real que oriente ese proceso. Por otra parte, este planteamiento no
es reversible en el sentido de que el partido forme parte de un frente que
organizan otras superestructuras. Habrá frente político con otras fuerzas si
éstas se avienen a las condiciones que establece el partido cuya fuerza real
está dada por la organización de base...”. (1)
(1) De: Cartas a Mis Amigos, Silo. Libro Naranja del Partido Humanista, "La función del partido en el momento actual".
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